***Las Salinas de las Cumaraguas, en la Península de Paraguaná, representan un fenómeno natural único de aguas rosadas, reconocido por la NASA y valorado por sus propiedades terapéuticas***
Yhonny Rodríguez | CNP 25.976
Falcón.- En el extremo más septentrional de Venezuela, allí donde el viento parece esculpir la tierra, la Península de Paraguaná guarda un paisaje que desafía la paleta de colores convencional. Las Salinas de las Cumaraguas, ubicadas en Pueblo Nuevo, estado Falcón, no son solo una fuente de recursos minerales; son un espectáculo visual donde el mar Caribe se encuentra con una llanura teñida de un rosado intenso bajo el sol incandescente.
Ubicadas estratégicamente a unos 14 kilómetros de los emblemáticos Médanos de Coro y custodiadas por la cercanía del Cabo San Román, estas salinas representan uno de los contrastes más impactantes del litoral falconiano.
La ciencia detrás del color: El reconocimiento de la NASA
Muchos visitantes se preguntan qué produce ese tono carmín que parece extraído de un sueño. El fenómeno tiene una explicación biológica fascinante: la presencia del alga Dunaliella salina, junto a concentraciones específicas de bacterias y pequeños crustáceos. Estos organismos producen una pigmentación que se intensifica al contacto con el salitre y según la posición del sol.
Este ecosistema es tan particular que ha captado el interés internacional, recibiendo menciones y reconocimiento por parte de la NASA, que ha estudiado la zona como una referencia visual y biológica única en el hemisferio.

Una terapia natural entre cristal y mar
A diferencia de otros depósitos industriales, en Las Cumaraguas el visitante puede vivir la experiencia de primera mano. Sumergir los pies desnudos en estas «piscinas» naturales es un ritual que combina la frescura del agua con la textura áspera y mineral de la sal pura.
Propiedades sanadoras: Se le atribuyen cualidades exfoliantes y desinflamatorias.
Paz sensorial: Más allá de los beneficios físicos, caminar por los pasillos que separan las piscinas permite escuchar la «melodía del viento» y sentir la inmensidad de un horizonte rosado que infunde una tranquilidad incalculable.
La faena del oro blanco: 78 años de tradición
El valor de Las Cumaraguas no es solo estético; es el motor económico de la región. Desde hace casi ocho décadas, los pobladores locales extraen el mineral de forma artesanal. Con picos, palas y carretillas, estos hombres y mujeres enfrentan una jornada ardua bajo el sol para recolectar la sal que luego es procesada industrialmente.
Los lugareños han levantado estaciones cerca de las entradas donde, con el carisma característico del falconiano, explican su labor a los turistas. En estos puntos, es posible adquirir «piedras de sal» de formas abstractas, un souvenir auténtico que encierra la esencia geológica de la península.
Historia y ruinas: El vínculo con el pasado
La zona no está exenta de carga histórica. Cerca de las salinas se encuentran los vestigios de lo que fue la casa de Juan Crisóstomo Falcón, líder de la Guerra Federal. Aunque la estructura original ha desaparecido casi en su totalidad, su memoria sigue ligada a la tierra.
Es común que los viajeros confundan estas ruinas con la Capilla San Francisco, ubicada en el sector El Vínculo. Esta edificación, aunque hoy se encuentra en ruinas dentro del hato del mismo nombre, sigue siendo un testigo silencioso de la arquitectura colonial y de la fe de generaciones pasadas, conformando un hito patrimonial que vale la pena documentar.
Guía para el viajero
Si está planeando su visita a este espejo rosado, tome en cuenta los siguientes datos logísticos:
¿Cómo llegar?: Tome la carretera Coro-Punto Fijo e ingrese por el tramo que conecta Moruy con Pueblo Nuevo. El acceso es posible en vehículos particulares (preferiblemente rústicos) o transporte público local.
Playas cercanas: Puede completar su día disfrutando de la calma en las playas El Supí, Tiraya o Mata Gorda, que comparten el entorno de las salinas.
Recomendación extra: El mejor momento para la fotografía es el atardecer (la «hora dorada»), cuando los rayos del sol inciden de forma lateral y el rosado de las aguas alcanza su máxima saturación.
Las Salinas de las Cumaraguas nos recuerdan que la naturaleza venezolana es capaz de crear escenarios de una belleza surrealista, donde el trabajo humano y el ecosistema coexisten en un equilibrio productivo y poético.














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