Lcdo. Cristian Macías
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Si vas subiendo hacia la Gran Sabana, justo cuando el aire se pone más fresco y el verde de los árboles se vuelve tan intenso que casi duele, te vas a encontrar con ella. No es solo una roca gigante al borde de la Troncal 10; es la Piedra de la Virgen, el centinela de granito que marca el kilómetro 98 y, para muchos de nosotros, el verdadero inicio del mundo espiritual de la Guayana.
Cuentan los viejos conductores y los abuelos de la zona que hace décadas, cuando abrían la carretera a través del indomable Eje Carretero Sur, la roca se interponía en el camino. Los obreros intentaron dinamitarla, pero la piedra resistía, como si tuviera voluntad propia. Fue entonces cuando, entre el polvo y el sudor, alguien creyó ver una silueta blanca en su superficie: la imagen de la Virgen. Desde ese día, la roca dejó de ser un obstáculo para convertirse en un altar.

Pero si le preguntas a los hijos de esta tierra, a nuestros hermanos Pemón, ellos te contarán otra historia. Para ellos, esa piedra y los saltos de agua que la rodean son parte de un equilibrio milenario. No es solo geología; es un ser vivo que vigila quién entra y quién sale de su santuario.
Subir los escalones que llevan a su base es un ritual. Mientras asciendes, el sonido de la selva cambia. Ya no escuchas el motor de los camiones, sino el canto del Capuchino y el murmullo de las nacientes de agua que bajan de la Sierra de Lema. Desde ASOCANAIMA, hemos aprendido que este lugar es el «termómetro» del viajero: si te detienes con respeto, la selva te abre las puertas; si pasas de largo con prisa, te pierdes el alma del camino.
La Piedra de la Virgen es el recordatorio de que en el estado Bolívar, la naturaleza tiene derechos intrínsecos. Esa mole de granito, que ha visto pasar milenios, nos enseña que el turismo no es llegar rápido al destino, sino saber observar el trayecto. Es allí donde el hombre entiende que es pequeño frente a la inmensidad del Escudo Guayanés.
En nuestra misión de «Escribir la nueva historia del turismo», la Piedra de la Virgen representa el compromiso con la conciencia biocultural. Ya no queremos que sea solo el sitio donde te bajas a tomar una foto y seguir. Queremos que sea el lugar donde respires, donde sientas el pulso de la Sierra y donde comprendas que estás entrando a un territorio sagrado.
Hoy, la invitación de ASOCANAIMA es a detenerse. A mirar la humedad en el musgo, a escuchar el goteo constante del agua pura y a pedirle permiso a la «Señora del Camino». Porque proteger este umbral es nuestro mandato, y conocerlo de verdad es el regalo que la Guayana tiene para ti.
Para llegar a la majestuosa Piedra de la Virgen desde Santa Elena de Uairén, se debe emprender un viaje de aproximadamente 221 kilómetros por la Troncal 10, un recorrido que toma cerca de tres horas en automóvil. El trayecto inicia por la calle Bolívar hasta conectar con la carretera nacional, siguiendo la ruta hacia el norte hasta el kilómetro 92 (vía La Gran Sabana), donde este emblemático monumento natural aguarda en el margen izquierdo para dar la bienvenida a los viajeros.















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