Por: Gregorio Rivas
PST y Pte. de ASOCANAIMA
Canaima – Venezuela.-
Cierren los ojos por un momento y traten de escuchar el rugido del agua chocando contra la piedra milenaria. Desde aquí, en la zona occidental de nuestro amado Parque Nacional Canaima, les escribe un servidor que ha tenido la dicha de hacer de este paraíso su hogar y su oficina. Hoy no quiero darles una charla técnica; hoy quiero «echarles el cuento» de nuestro gigante: el Salto Ángel.
Hablar de este lugar es hablar de magia pura. Imagínense una caída de agua tan alta que las nubes a veces la abrazan antes de que llegue al suelo. Son 979 metros de altura con una caída libre de 807 metros que nacen de las entrañas del Auyantepuy. En 1994, la Unesco nos dio el título de Patrimonio de la Humanidad, pero para nosotros, los que estamos aquí día a día, es simplemente un regalo de la naturaleza que nos deja sin aliento cada vez que lo miramos.
El nombre que vino del cielo (y un poco de aventura)
Nuestros hermanos de la etnia Pemón lo llaman, con mucha sabiduría, Kerepakupay Merú, que significa “salto del lugar más profundo”. Pero el mundo lo conoció gracias a un «atrevido» del aire.
Cuentan que la curiosidad de un aviador estadounidense llamado Jimmy Ángel se encendió gracias a los mapas y relatos de un capitán español, Félix Cardona Puig. En 1937, Jimmy se empeñó en aterrizar en la cima del Auyantepuy. Lo logró, sí, pero de forma abrupta: su avioneta quedó atrapada en el fango de la cima. Afortunadamente, nadie murió, pero le tomó 11 días bajar a pie por la selva espesa. Esa hazaña hizo que el mundo bautizara al salto con su apellido, y así se quedó en la historia.
De Canaima a la gran pantalla
Este rincón del estado Bolívar es tan increíble que hasta Hollywood se rindió a sus pies. ¿Vieron la película «UP» de Disney Pixar? Esas Cataratas del Paraíso son nuestro Salto Ángel. También James Cameron se inspiró en nuestros paisajes para las montañas flotantes de Avatar, y Disney usó imágenes reales de aquí para la película «Dinosaurio». Es que, para imaginar mundos fantásticos, los cineastas tuvieron que venir a ver nuestra realidad.
¿Cómo llegar a visitarnos?
Llegar no es como ir a la esquina, y eso es parte del encanto. Hay dos formas de sentir su fuerza: volando sobre él en avioneta o, mi favorita, navegando por nuestros ríos. Desde el Puerto Ucaima, nos toma unas tres horas surcar el río Carrao y luego el Churún. Es un viaje donde el mar verde de la sabana te rodea hasta que, de repente, ahí está él: imponente, quince veces más alto que las cataratas del Niágara.
El Parque Nacional Canaima se extiende por 30,000 kilómetros cuadrados hasta tocar las fronteras de Brasil y Guyana. Tenemos dos mundos: el Occidente, que es donde yo los espero, llegando por vuelo a la zona de Canaima; y el Oriente, donde está la Gran Sabana, ese camino de tierra que nos conecta con el sur extremo de Venezuela.


Como humilde servidor de este parque, les digo de corazón: Canaima es la combinación perfecta de magia y realidad. Es un entorno que uno debe visitar al menos una vez en la vida para entender lo pequeños, y a la vez lo afortunados, que somos.
Aquí los esperamos, con los brazos abiertos y la selva lista para contarles su propia historia.















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